
José Luis Chilavert dijo lo que muchos paraguayos pensaban. Pero no habló solamente de las selfies. Apuntó a problemas mucho más graves: una selección superada táctica, física y mentalmente, sin capacidad de reacción ante un rival que la desbordó durante gran parte del partido.
El histórico capitán cuestionó la falta de liderazgo dentro de la cancha, la ausencia de correcciones desde el banco y una preocupante pérdida de identidad. Paraguay siempre se caracterizó por competir con orgullo, intensidad y rebeldía. Esta vez pareció un equipo resignado.
Por eso las selfies indignan. No por la foto en sí, sino por lo que representan después de una goleada 4 a 1. El Mundial no es Disney. No es turismo deportivo ni una pasarela para Instagram. Es la máxima competencia del fútbol. Primero viene la autocrítica. Después las sonrisas.