
Lo que comenzó como una ayuda entre amigas terminó convirtiéndose en un verdadero dolor de cabeza para Andrea. La mujer aceptó solicitar varios préstamos a su nombre para favorecer a una amiga que reside en España, quien se comprometió a hacerse cargo de todos los pagos.
Durante los primeros meses, las cuotas fueron abonadas sin inconvenientes. Sin embargo, con el tiempo aparecieron las excusas y finalmente los depósitos dejaron de llegar. Actualmente, Andrea carga sola con una deuda de G. 65 millones mientras la supuesta amiga ya no responde mensajes ni llamadas.
La afectada señaló que trabaja intensamente para cumplir con los compromisos financieros y sostener a sus hijos, lamentando haber confiado en quien consideraba una persona cercana.